Remolinos posee en sus extrañas una historia secreta, escondida a la vista del viajero.
Las actuales minas, fruto de una feliz modernidad, continúan siendo un buen aliciente para aventurarse y visitar Remolinos.
La sal, el mineral que se come, fue testigo durante mucho tiempo del ir y venir de los mineros, era parte de la vida que mantenía el pueblo, la misma que hacía bailar la tierra al son del golpe de pico, hoy en día de explosivo.
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