
La localidad de Borja pertenece a la Comarca del Campo de Borja y está situada a 63 Km. de Zaragoza y 448 metros de altitud.
Su término tiene una superficie de 107.3 kilómetros cuadrados y cuenta con una población aproximada de 5042 habitantes, a los que se conoce con el gentilicio de borjano.
Comprende las entidades de población de Borja y Santuario de Misericordia.
La antigua ciudad ibero-romana de Bursau ha sido, a lo largo de la historia, el aglutinante de un extenso territorio aragonés situado en el límite con las vecinas tierras de Castilla y Navarra. Su caserío se agrupa en torno a la mole del antiguo castillo y del Cinto o judería alta, conservando un extraordinario conjunto de edificios característicos de la arquitectura civil aragonesa de los siglos XVI y XVII, algunos de ellos rehabilitados, como la Casa de Aguilar, la Casa de los Angulo, la Casa de las Conchas, declarada Bien de Interés Cultural, y la Casa Consistorial.
De sus numerosos templos destaca la antigua Colegiata de Santa María, en donde se venera a la patrona de la ciudad, la Virgen de la Peana, y en la que se puede admirar una magnífica colección de pintura gótica entre otras muchas obras de arte. Son también interesantes las iglesias de los conventos de Santa Clara y de la Concepción.
Otros monumentos de la ciudad, el actual museo de la Colegiata de Santa María, la Casa de Aguilar, y la Casa de las Conchas.
A cinco kilómetros se encuentra el Santuario de la Misericordia, del siglo XVI y, en cuyas proximidades está la Cueva de Moncín que, desde 1999, es Patrimonio de la Humanidad dentro del conjunto conocido como Arte rupestre levantino.
En coche, desde Zaragoza se llega por la Nacional 232 o por la A-68 en dirección a Mallén, tomando el desvío en Gallur por la N-122.
En autobús, líneas regulares de
Therpasa.
Si hay algo que caracteriza y determina la fisonomía de Borja es su Castillo, que se alza de forma inesperada y desafiante sobre el actual casco urbano. Es la señal de identidad de la ciudad y su razón de ser desde sus orígenes hasta el siglo XVI.
En torno a él, se levantó un recinto amurallado que era, en realidad, la auténtica fortaleza en la que se alojaba la guarnición militar. Las raíces históricas de la ciudad se hunden hasta la época de los celtíberos en la que con el nombre de Bursau, acuñó moneda.
Durante la época musulmana parece ser que se llamó Burya, denominación que significa en árabe fortín o torre. La dinastía de los Banu Qasi, familia de muladíes borjanos, uno de cuyos miembros Muza II, llegó a ser conocido como el Tercer Rey de España, dominó la región durante el siglo IX; fue conquistada dos veces, en 876 y 882, por el emir cordobés Muhamad I y reconquistada por Alfonso I el Batallador al iniciarse el siglo XII.
Tras la reconquista fue nombrado Señor de Borja y de un amplio territorio entorno a ella don Pedro de Atarés, descendiente de la Casa Real Aragonesa que fue el fundador del Monasterio de Veruela, del que desciende la ilustre familia de los Borja, Borgia, asentada en tierras levantinas.
Dada su posición fronteriza tenía una clara función defensiva, llegando a pasar temporalmente a manos castellanas en dos ocasiones, en los años 1170 y 1363.
En 1438 Alfonso V el Magnánimo, le concedió el título de ciudad en premio a la entereza y al patriotismo y el 16 de junio de 1443, el mismo monarca, la incorporó a la Corona.
A partir de ese momento se inicia una época de gran esplendor en la que son levantados los principales monumentos de la ciudad, entre ellos la Casa Consistorial, el actual museo de la Colegiata de Santa María, la Casa de Aguilar, y la Casa de las Conchas, frente al lugar de nacimiento de don Juan de Coloma, Secretario de los Reyes Católicos y firmante en nombre de ellos de las Capitulaciones de Santa Fe que hicieron posible el descubrimiento de América.
Durante los siglos XVI y XVII, la población aumenta considerablemente, y la ciudad crece y se desborda la segunda muralla. El ensanche alcanza el llano y tiene ya un trazado más regular que las tortuosas callejuelas del Cinto de la ladera del Castillo.
Borja lleva a cabo una importante ampliación urbanística: se abren las plazas del Campo del Toro, hoy Plaza de España, de las Canales y del Olmo, las calles de San Francisco, Mayor y adyacentes, y se construyen una serie de palacios, iglesias y conventos, que configurarán la fisionomía de la ciudad hasta nuestros días, haciendo de ella un hermoso conjunto artístico.
En la Guerra de Sucesión, Borja se puso decididamente a favor del futuro Felipe V, lo que determinó que en 1706, fuera sitiada por las tropas partidarias del archiduque Carlos. Tras un intenso cañoneo, la ciudad fue saqueada y muertos muchos de sus defensores.
En premio a su valor el monarca le concedió, entre otros privilegios, que añadiese a sus armas una flor de lis y un león con la inscripción: Saqueada por ser siempre fidelísima. Asimismo le concedió el voto perpetuo en las Cortes de Castilla.
La segunda mitad del siglo XIX, permite asistir a una importante recuperación, fruto en buena medida del incremento alcanzado en la producción del vino que desde aquí se exporta a los mercados europeos, entonces en crisis.