
La localidad de Ricla pertenece a la Comarca de Valdejalón y está situada a 56 Km. de Zaragoza y 364 metros de altitud.
Su término tiene una superficie de 90.7 kilómetros cuadrados y cuenta con una población aproximada de 3568 habitantes, a los que se conoce con el gentilicio de riclano.
Comprende las entidades de población de Ricla.
La localidad de Ricla está situada en el valle del Jalón y posee una rica huerta repleta de frutales
El antiguo Castillo se levanta sobre un risco cercano a la población, y conserva algunos fragmentos de un muro de sillarejo y dos estructuras subterráneas de época musulmana. Alrededor de los siglos XV y XVI se levantó sobre el castillo un palacio de carácter fortificado, como se observa en la base de una torre que presenta en una esquina.
Tras la reconquista la villa se dividió en dos barrios por un muro, el barrio alto, donde vivían los musulmanes; y el bajo, que acogía a los cristianos. De este muro se conserva un arco apuntado de ladrillo del siglo XV con una capilla, es el Arco de San Sebastián ubicado en la calle de la Hombría.
El barrio bajo, donde se alojaban los cristianos, estaba señalado con una cruz de piedra, siendo sustituida por una de hierro en el siglo XX, y dando nombre a la calle de la Cruz. En ella se hallan varias casas nobles de los siglos XVIII y XIX, con interesantes portadas de piedra y bellos balcones, entre las que sobresale el edificio del siglo XX de la casa de la cultura, anterior escuela y ayuntamiento.
En la plaza del Ayuntamiento encontramos la Iglesia de la Asunción se levantó en los siglos XV y XVI, en estilo mudéjar renacentista, con ampliaciones y reformas posteriores. Su portada neoclásica permanece oculta tras la casa de la cofradía de la Virgen de Media Villa. Sin embargo, sobresale su hermosa y elevada torre mudéjar, del siglo XVI.
Otra de las construcciones más significativas es el Ayuntamiento, ubicado en una típica casa-palacio del siglo XVIII, así como la casa del Concejo.
Un espacio interesante es también la plaza del conde de Castellano, donde se ubica el palacio del siglo XVIII que le da nombre y, junto a él, el original acceso al convento de las Siervas de María, fundado a fines del siglo XIX por la condesa de Guerrero. Frente al convento podemos contemplar la antigua casona de los marqueses de Camarasa.
Poco más nte de la estación de ferrocarril se encuentra la plaza de toros y un parque muy cuidado junto al Jalón, con una escultura de Goya en metal, del escultor Iñaki, asomándose al puente del río. Este puente fue construido entre 1888 y 1890, sustituyendo a otro anterior de tablas, y consta de dos arcos de 15 metros de luz.
En las proximidades del Barranco Santo encontramos una buena cantidad de bodegas de las que destacan las conocidas luminarias, chimeneas de respiración vertical de diversas formas y materiales que surgen sobre las laderas en que están excavadas las bodegas y constituyen interesantes ejemplos de arquitectura popular.
También próxima se encuentra la cueva de la Nevería, un pozo excavado en la roca y cubierto con una falsa cúpula usado antiguamente como nevero.
Otras construcciones que merece la pena señalar son los diversos peirones que se hallan en los alrededores: el de Santa María Magdalena, del siglo XV, o el robusto peirón de los Santicos, patronos de Ricla: San Silesio y San Teopompo. También del XVIII es el de San Pedro, que marca el espacio donde se encontraba la desaparecida ermita.
No hay que olvidar los interesantes yacimientos paleontológicos del Barranco de las Conchas, donde se halló la cabeza de un cocodrilo marino, conocido como el cocodrilo de Ricla. Todos los indicios apuntan a que fue en su término municipal el lugar donde estuvo levantada la céltica Nertóbriga.
En sus alrededores, podemos visitar la curiosa e interesante Cueva de la Sima de fácil acceso.
Desde Zaragoza, por la Autovía A-II hasta La Almunia y tomar desvío por la carretera A-121.
Ricla fue reconquistada en 1120 por Alfonso I el Batallador, aunque su población morisca permaneció en la villa hasta su expulsión en 1610. La constancia de once tenentes que custodiaron su casi desaparecido castillo a lo largo del siglo XII, la acreditan como villa de importancia durante la época musulmana.
Desde fines del siglo XII la Orden del Temple tuvo instalada una encomienda en esta localidad.
Pedro IV cedió la villa al conde Enrique de Trastámara pero posteriormente pasó a la Corona de Aragón hasta que en 1394, Martin I el Humano la vendió con todos sus términos y derechos señoriales a su cuñado el conde Fernán López de Luna, por dos mil florines de oro, engrandeciéndose él y varios de sus sucesores, por medio de su política matrimonial.
Por el matrimonio de éste con Emilia Ruiz de Azagra, señora de Villafeliche y Muel, fueron incorporados al señorío de Ricla estas localidades. Al hijo de ambos, Juan de Luna y Azagra, le fue confiscado temporalmente en 1492 el señorío por orden de Alfonso V, pero más tarde le fue devuelto.
El tercer señor Juan de Luna y Cerdán extendió sus dominios a Cataluña por su boda con Ángela Coscón, señora de Camarasa, Cubells y otras villas.
La casa de Ricla fue considerada por el emperador Carlos V como una de las ocho grandes casas nobiliarias del Reino de Aragón en 1528. Registrándose años después un cambio de apellido por la boda de Francisca de Luna con el todopoderoso Diego de los Cobos, secretario de Carlos V, quien les concedió el título de Marqueses de Camarasa en 1543. En la generación siguiente, Francisco de los Cobos y Luna, fue además de segundo Marqués de Camarasa, el primer Conde de Ricla (1589).
La jurisdicción de los condes de Ricla duró hasta la extinción de los señoríos, decretada por las Cortes de Cádiz en 1811.
El escudo de plata, una piel de lobo al natural, con la cabeza hacia abajo, empalada en una lanza situada en palo con corbata verde. Al timbre, Corona Real abierta. En una cinta o filacteria se desarrolla la leyenda: Antiq. Emblema Nertobrigae. M. CL. Marcello Cos.
La bandera mastilada por mitad, divididas sus tres porciones por una franja azul bordeada de blanco, de color rojo el triángulo junto al asta y verde el resto; el triángulo rojo cargado de una cabeza de lobo de frente, al natural, en la parte inferior, y de una corona abierta de oro o amarillo en la superior.