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Guía Práctica de Zaragoza

San Juan en Zaragoza

San Juan en Zaragoza

El 23 de junio tiene lugar el solsticio de verano. Es el día más largo del año, una jornada en la que se celebra la Noche de San Juan. Fogatas y hogueras se encienden para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

La noche y el amanecer, están dedicado a San Juan en un esfuerzo por cristianizar las numerosas fuerzas que se manifiestan en esta mágica jornada, en la que todas las sociedades tradicionales de Europa ponen en marcha numerosos rituales de antiguo origen y profunda funcionalidad cultural. La fiesta no es específica de localidades concretas, sino que se extiende por toda Europa con diversas variantes.

La Noche de San Juan, la de las tradiciones mágicas, se caracteriza por la multitud de hogueras que iluminan la noche, y por el aspecto mágico y misterioso que la rodea. Los ciudadanos arrojan a la hoguera antes de su encendido pequeños objetos, conjuros, deseos e incluso apuntes del curso con el objetivo de hacer desaparecer los malos espíritus.

En Zaragoza encontrarás hogueras y verbenas, distribuidas por toda la ciudad. En el Barrio Oliver o el Parque Delicias se reúnen centenares de personas que pasan juntas esta mágica noche alrededor del fuego de las hogueras.

Historia

La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del pleno verano, o 20 de junio, para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

En tiempos posteriores se encendían fogatas en las cimas de la montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas. Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos.

A menudo se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del sol.

Se puede decir que todo empezó hace cerca de 5 mil años, cuando nuestros antepasados, tan amigos de observar las estrellas, se dieron cuenta que en determinada época del año el Sol se mueve desde una posición perpendicular sobre el Trópico de Capricornio, hasta una posición perpendicular sobre el trópico de Cáncer. A estos días extremos en la posición del Sol se les llamó solsticios de invierno y verano, los cuales ocurren los días diciembre 21 y junio 21 respectivamente. Estas fechas corresponden al hemisferio norte, pues en el sur es al contrario. En el solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado 23,5 grados hacia el sol, es el gran momento del curso solar y, a partir de ese punto, comienza a declinar. Antes de cristianizarse esta fiesta, los pueblos de Europa encendían hogueras en sus campos para ayudar al Sol en un acto simbólico con la finalidad de que no perdiera fuerzas. En su conciencia interna sabían que el fuego destruye lo malo y lo dañino. Posteriormente, el hombre seguía destruyendo los hechizos con fuego.

En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba puertas y, en parte, no les faltaba razón. La puerta de los hombres, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano a diferencia de la puerta de los dioses del solsticio de invierno.

A lo largo de la historia San Juan se ha celebrado de muchas maneras en nuestra ciudad, años atrás había corridas de toros, verbenas y hogueras por todos los rincones de Zaragoza. Por el Canal Imperial bajaban los barcos engalanados con enramadas de diversas plantas, como la albahaca, la hierbabuena, la ruda o la valeriana.

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