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Guía Práctica de Zaragoza

Cincomarzada en Zaragoza

Cincomarzada en Zaragoza

La fiesta de la Cincomarzada es ya uno de los hitos de los festejos populares de la ciudad. En ella, miles de zaragozanos acuden al Parque del Tío Jorge para celebrar una fecha histórica, el 5 de marzo de 1838 cuando los zaragozanos evitaron la invasión de la ciudad por parte de las tropas carlistas.

Esta fiesta, recuperada tras la dictadura adquiere, desde la transición democrática de nuestro país, un aire reivindicativo. En esta jornada los colectivos vecinales y sociales que acuden al parque celebran un día de jolgorio, donde reivindicación y diversión van de la mano. Las peñas tienen un papel importante en este día, en el que la alegría colectiva y el espíritu ciudadano son los grandes protagonistas.

Historia

La noche del 5 de marzo de 1838 entraron en Zaragoza las tropas carlistas al mando del General Cabañero. A las 4 de la mañana, 4 batallones se introducían con escalas por la Puerta del Carmen y van ocupando las calles del Coso, Mercado y la Parroquia de San Pablo, envolviendo la ciudad hasta la Plaza de la Magdalena con tres mil infantes y 300 caballos.

El rápido despliegue de las tropas en la noche brumosa del 5 de marzo, cogió desprevenidos a los zaragozanos, que fueron despertados sobresaltadamente por los vivas a Carlos V, a la Inquisición y a Cabañero. El vecindario se echó a la calle, extendiéndose la noticia de la ocupación, como un reguero de pólvora. Soldados nacionales y paisanos, se lanzan sobre las tropas carlistas distribuidas por el casco urbano.

A la calle se van arrojando todo tipo de muebles, trastos y enseres, que puedan ofrecer obstáculo o barricada: "de cada balcón se precipitaban cuantos muebles y efectos podían causar daño a los agresores; más allá sería una lluvia de tejas y cacharros que sepultaba a los fugitivos que se encontraban interceptando el paso con muebles y colchones a cuyo abrigo se les hacían horribles descargas" (Diario Constitucional de Zaragoza. 11-III-1838).

También desde las casas se les arrojaba agua y aceite hirviendo y sería hacer un agravio no nombrar al sexo, que con guijarros, agua, aceite hirviendo y otros varios efectos contribuyó a que pronunciasen su derrota y saliesen en vergonzosa fuga los que ocupaban el Coso y Plaza de la Constitución por la Puerta de Santa Engracia, refugiándose los del Mercado y San Pablo en la iglesia de este nombre (Diario Constitucional de Zaragoza, 12-III-1838).

El propio Cabañero que soñaba con el triunfo estaba desayunando cuando le llegó la noticia de la súbita reacción popular. La ciudad que había soportado dos sitios del invasor francés, volvía a sentir la voluntad inquebrantable de independencia.

Por orden general del 4 de marzo de 1839 en Zaragoza, se instaura como fiesta ciudadana conmemorativa. El día 4 de marzo se cantarán vísperas y el día 5 habrá repique general de campanas y la salida de gigantes y cabezudos; luego misa, mientras misa, toda tienda, taller y vendería deberá hallarse cerrada. A las 3 de la tarde se dispone que se celebre la novillada y a las 6 el baile en La Lonja.

En años siguientes (1840 por ejemplo) se celebran bailes de máscaras. Hay que tener en cuenta que el cinco de marzo suele ir rondando las fechas de las fiestas de Carnaval.

En 1841 en el bando del alcalde se recuerda el que se entapicen ventanas y balcones y se cierren las tiendas, talleres y venderías.

La historia cambia en 1843 con el triunfo de los moderados. En Zaragoza y creada la Junta Salvadora de la Patria, se acuerda la supresión de la fiesta del 5 de marzo los mismos zaragozanos debían procurar el olvido de un día que debía ser causa de regocijados aniversarios ni no hubiera razones que lo impidieran (El Liberal aragonés). Es el comienzo de otras manifestaciones festivas al ser suprimidos los actos oficiales. Salen, comienzan a salir al campo a comer y a cantar.

Así pues se va perdiendo en el horizonte el origen de la fiesta. Los periódicos ornarán hasta el final de siglo sus primeras páginas con orlas y figuras, alegorías y sonetos, pero los cinco primeros años son más interesantes. De la fiesta oficial se pasa a las meriendas campestres de Macanaz y ribera del Gállego, a las que irán sumándose a medida que crezca la ciudad, el Cabezo Buena Vista, Cogullada, Casablanca, etc. En 1851 salió el pueblo zaragozano en tropel a solazarse por la deliciosa vega. Las autoridades han quedado satisfechas del fino comportamiento de estos ilustres hijos. (El Avisador, 6-III-1851).

En 1854 y con los progresistas en el poder se vuelve al sentido primitivo de la fiesta y se convierte en el símbolo de la lucha por las libertades. La opresión y la intolerancia de los enemigos de las libertades públicas os han privado por espacio de doce años de la solemne conmemoración del 5 de marzo (El Esparterista, 4-III-1854). En 1855 se organizan corridas de novillos de una gran complicación con fuegos artificiales representando la heroica lucha del pueblo zaragozano en la entrada de Cabañero. A partir de 1857 se le quita el sentido oficial pero ya tiene marcadas sus pautas y ritmos.

Con la revolución de 1868 vuelve a entroncar con el espíritu de libertad os visteis obligados a abandonar vuestros hogares, transportando el fuego sagrado de vuestro culto a la libertad, a la soledad de los campos (Revolución 5-III-1868). Durante la Restauración es ya tónica común la salida al campo. A comienzos de siglo se añaden a los lugares clásicos de esparcimiento, la estación de Utrillas y la Almozara. La barca del Tío Toni, aguas abajo del Pilar, no parará de hacer viajes con excursionistas de un lado al otro del Ebro. Ya son los guisos al aire libre, el juego de la comba, las rondallas y los bailes los principales protagonistas de la jornada. Sin recortes, pasó la Dictadura de Primo de Rivera y con la República se notará la diferencia social según el lugar elegido. En estas épocas irán los alegres festivos a los sotos de la Almozara, a la Granja Modelo, a la arboleda del Gállego y arboledas del lado del Arrabal principalmente. Ya se había olvidado el origen de esta fiesta.

El 4 de marzo de 1937 el Ayuntamiento acuerda suprimir la fiesta.

Los aires democráticos traen la recuperación de esta fiesta popular y la convierten en una fiesta participativa y reivindicativa, en la que se implican el movimiento vecinal y el sector asociativo. Durante esta jornada los zaragozanos acuden al parque Tío Jorge para celebrar un día de jolgorio, donde reivindicación y diversión van de la mano. Las peñas y las asociaciones de vecinos tienen un papel importante en este día, en el que la alegría colectiva y el espíritu ciudadano son los grandes protagonistas.

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