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Guía Práctica de Zaragoza

Fiestas del Pilar en Zaragoza

Fiestas del Pilar en Zaragoza

Las Fiestas del Pilar, Declaradas de Interés Turístico Nacional, constituyen la más grande manifestación festiva de nuestra ciudad.

Son las fiestas de la participación de la cultura y de la convivencia, son unos festejos pensados para todos y accesibles a todos. Los Pilares se viven en la calle, no hay una fiesta igual en toda España. Calles, plazas, paseos y avenidas se ven libres del tráfico incesante de la ciudad y son recuperadas para el disfrute de los ciudadanos.

Sin duda alguna el acto de mayor calado popular, no de las Fiestas del Pilar sino de toda España, es la Ofrenda de Flores que tiene lugar a lo largo del día 12 de octubre, el Día del Pilar. Desde primera hora de la mañana cientos de miles de ciudadanos, aragoneses, de otras comunidades y de todo el mundo, ataviados con sus trajes regionales, desfilan ante la Virgen para depositar a sus pies millones de flores traídas como homenaje a la patrona de los aragoneses.

A lo largo de toda la jornada centenares de miles de ciudadanos de todo el mundo acuden hasta la Plaza del Pilar. Durante todo el día casi se puede palpar en el ambiente la alegría de quienes acuden a rendir su pequeño homenaje, en forma de flor, a la Virgen del Pilar.

Las Casas Regionales afincadas en Zaragoza son las responsables de un acto tradicional que, cada año, gana en vistosidad y participación, la Ofrenda de Frutos a la Virgen del Pilar.

A mediodía del 13 de octubre, centenares de personas ataviadas con los trajes típicos de sus regiones de origen, recorren las calles del centro de la capital aragonesa para ofrecer a la Virgen del Pilar los mejores frutos de su tierra. Son unas ofrendas que luego se envían a distintos centros asistenciales de nuestra ciudad.

El color de los diferentes trajes regionales y el sonido de las músicas tradicionales de cada una de las regiones españolas, hacen de este acto uno de los más vistosos y coloristas de los que se celebran en estas fechas.

Cada atardecer del 13 de octubre las calles de Zaragoza se llenan con el recogimiento y el profundo sentimiento religioso de los miles de participantes que integran el cortejo del Rosario de Cristal. Este acto es una de las tradiciones religiosas más arraigadas entre los zaragozanos; el origen de esta tradición se remonta al 13 de octubre de 1889 cuando, por primera vez, recorrió las calles de la capital aragonesa.

En el Rosario de Cristal participan miles de personas que, ataviadas con el traje regional aragonés, quieren de esta forma testimoniar su fe por la Virgen del Pilar. El Rosario de Cristal es también una manifestación artística de gran valor; sus faroles, estandartes y carrozas se han ido construyendo a lo largo de los años gracias a las aportaciones populares.

Correr nte de los Gigantes y Cabezudos es algo que todos los zaragozanos han hecho desde hace muchísimos años. El orígen de la comparsa está algo confuso en el tiempo, se tienen noticias de la existencia de estos personajes en antiguos textos municipales que relatan procesiones donde ya aparecían estas figuras.

La comparsa de cabezudos, que siempre ha estado unida a la de gigantes, hunde sus raíces en los tiempos de la Edad Media. Las primeras noticias que tenemos de ellos datan de hace casi dos siglos, concretamente de 1807, cuando se les describe en las crónicas de la ciudad. Sobrevivieron a los Sitios y en 1849 se encargó una nueva comparsa al escultor Félix Oroz, quien los diseñó llenos de frescura y con un punto desfachatez. Los cabezudos de esa época se mantuvieron en activo hasta 1964, cuando el valenciano Modesto González realiza un nuevo grupo basado en las tendencias de la moda de aquellos años. En el año 2001 el Ayuntamiento de Zaragoza decidió sustituir a los figurones de los cabezudos, recuperando la fisonomía que les diera Oroz.

El origen de la comparsa de gigantes de Zaragoza hunde sus raíces en la Edad Media cuando cuatro figuras, que representaban a las cuatro partes del mundo conocido, acompañaban las procesiones ciudadanas. En contraposición con los cabezudos, que se dedican a perseguir a los chavales, los gigantes desfilan ceremoniosos desde la privilegiada posición que les da su altura.

A mediados del siglo XIX, el agudo y ocurrente artífice Félix Oroz renueva y aumenta la Comparsa, quedando constituida por ocho gigantes. En 1999 el Ayuntamiento de Zaragoza decidió recuperar el aspecto que presentaban los Gigantes de Oroz. Aragonesa de Fiestas, bajo la supervisión estricta de Patrimonio, basándose en una abundante documentación escrita y gráfica lograron la recuperación de las figuras. Hoy los Gigantes son algo más chaparros y en sus rostros se adivina la ironía de Oroz y sus continuadores.

Enlace a la página oficial de las Enlace externoFiestas del Pilar de Zaragoza.

Historia

Las Fiestas del Pilar comenzaron a celebrarse en Zaragoza a principios del siglo XIX, en los primeros años los festejos se basaban en actos religiosos como misas solemnes, sermones, predicaciones, procesiones y rosarios populares. A ellos se sumaban corridas de toros, imprescindibles en cualquier fiesta en nuestro país, cabalgatas diversas y un elemento que ha sido habitual en las Fiestas del Pilar desde hace muchas décadas, la comparsa de Gigantes y Cabezudos. Sabemos que ya en 1659 se consideraba tradicional en la ciudad de Zaragoza la presencia de una comparsa, perfectamente definida, de gigantes y cabezudos que precedía anualmente a la procesión del Corpus

De las primeras fiestas de las que se tiene noticia son las que se celebraron de 12 al 20 de octubre de 1723, en aquella lejana fecha hubo procesión general el día del Pilar, toros de ronda, mojigangas, pasacalles populares y una gran corrida de toros. Este esquema se mantuvo invariable hasta comienzos del siglo XIX. El primer avance significativo tuvo lugar concretamente en 1807, cuando se concedió a la festividad de la Virgen del Pilar la categoría de fiesta religiosa obligatoria, lo que favoreció la extensión del culto a la patrona de Aragón. En teoría la fecha indicada para festejar a Nuestra Señora del Pilar debería ser el 2 de enero, jornada en que se conmemora su venida en carne mortal a Zaragoza, pero la Iglesia prefirió trasladarla la fiesta al mes de octubre, un periodo en que se había terminado la cosecha de de cereales y la vendimia ya había finalizado.

Hasta los tiempos de la I República, en 1873, no hubo grandes aportaciones a los festejos, sin embargo en esa fecha salió a las calles una grandiosa cabalgata que, escoltada por la los guardias municipales a caballo, recorrió las ciudad hasta penetrar en la Plaza de Toros. Desde aquel entonces fue habitual la celebración de este tipo de grandes desfiles en las Fiestas del Pilar. Otro hito importante se marcó en las fiestas de 1894, desde aquel momento se lleva celebrando el Certamen Oficial de Jota, un concurso del que han salido las más prestigiosas figuras de la jota aragonesa en estos 110 años que se lleva celebrando.

Las fiestas siguen sin grandes cambios a lo largo de los inicios del siglo XX, en las primeras tres décadas de la centuria se fueron agregando a los programas de fiestas diferentes pruebas deportivas y desfiles alegóricos como el celebrado en 1934 en el trazado del Canal Imperial de Aragón. Tras la Guerra Civil, en la que como es lógico no había lugar para fiestas, y los terribles tiempos de la posguerra, las Fiestas del Pilar fueron incorporando elementos que se han consolidado como parte imprescindible de los festejos mayores de la capital aragonesa.

De aquellos años son dos aportaciones que se han convertido en festejos de una tremenda popularidad, la Ofrenda de Flores y la Ofrenda de Frutos. El acto más multitudinario del Pilar, la Ofrenda de Flores, se celebra cada 12 de octubre desde 1952. Este acto se comenzó a celebrar cuando una representación del Ayuntamiento de Zaragoza trajo desde Valencia la costumbre de depositar flores a los pies de la patrona de la ciudad.

Seis años más tarde, en 1958, se empezó a realizar la Ofrenda de Frutos, un acto en el que cada mediodía del 13 de octubre las Casas Regionales afincadas en Zaragoza presentan los mejores frutos de la tierra a la Virgen del Pilar.

Desde 1949 hasta 1978, justo antes de la llegada de la democracia a los Ayuntamientos, Zaragoza tuvo Reina de Fiestas y Corte de Honor. Fueron los tiempos de aquellos rancios bailes en la Lonja y de unas fiestas con escasa participación popular. Unas fiestas alejadas de los ciudadanos y totalmente desligadas de su tiempo que experimentaron un giro radical cuando se acercaban los años 80 del siglo XX.

Al socaire de los nuevos tiempos que se respiraban en el país, inmerso en plena transición política, en 1979 la primera corporación democrática de Zaragoza tras 60 años decidió darle un giro a las Fiestas del Pilar y sacar la fiesta a la calle.

El pasado año se cumplieron 25 de Fiestas del Pilar como una de las celebraciones populares más importantes de nuestro país y el referente de las fiestas de otoño.

En los programas se combinan actos teatrales, conciertos, animación para niños, espectáculos para adultos, festejos tradicionales como la Ofrenda de Flores, el Rosario de Cristal y la Ofrenda de Frutos, corridas de toros, muestras de artesanía y muchos otros eventos que convierten a Zaragoza en una gran fiesta popular, participativa diversa y colorista.

Humor, diversión, danza contemporánea, espectáculos visuales, teatro de sala, marionetas, clowns, malabares, trapecio, mimo, animación de calle... Durante las Fiestas del Pilar la ciudad se convierte en un inmenso escenario para la fiesta. Casi en cada esquina podemos toparnos con un grupo teatral, un mimo, un espectáculo visual, animación para los niños, danza, un concierto o un momento de diversión.

A lo largo de estos años las Fiestas del Pilar se han convertido en un referente festivo y cultural de primer orden. La diversidad cultural y social es también una de las señas de identidad de nuestras fiestas, un rasgo diferenciador que viene desde mucho tiempo atrás. No en vano la profunda relación existente entre Zaragoza y América ha marcado decididamente el devenir cultural de la capital aragonesa y, al mismo tiempo, de sus fiestas mayores en honor de la Virgen del Pilar.

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