
La localidad de Cariñena pertenece a la Comarca del Campo de Cariñena y está situada a 47 Km. de Zaragoza y 494 metros de altitud.
Su término tiene una superficie de 82.5 kilómetros cuadrados y cuenta con una población aproximada de 3725 habitantes, a los que se conoce con el gentilicio de cariñenense.
Comprende las entidades de población de Cariñena.
Cariñena es la cabecera de la Comarca del Campo de Cariñena, ciudad en la que el pasado y el presente se unen en una tierra de arraigadas tradiciones, con grandes perspectivas de desarrollo en un futuro próximo.
Conforme se va llegando a Cariñena podemos ver su caserío y la torre de su iglesia recortados en el horizonte, con la Sierra de Algairén como telón de fondo y una alfombra de bodegas que abren la puerta majestuosamente a un lugar donde topónimo y vino son sinónimos, dando una imagen difícil de olvidar.
La Ciudad de Cariñena posee un rico patrimonio artístico que queda patente en los monumentos localizados en su núcleo urbano. Anterior a 1363, no encontramos restos, ya que en la guerra contra los castellanos, conocida como Guerra de los Pedros, Pedro I el cruel, asoló toda la villa, todo lo que posee es posterior y original de la reconstrucción que desde entonces se acometió.
El transcurso del tiempo se ha manifestado en monumentos como la barroca Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida en 1694 y levantada sobre las ruinas de la antigua colegiata, que fue destruida en 1363 por las tropas castellanas.
Adosada a ella, está su torre-campanario, de estilo gótico levantino, de carácter militar. Su construcción data de 1375, cuando se restauraron las murallas de la ciudad, de las cuales sólo queda el Torreón de las Monjas.
También destaca el edificio del Ayuntamiento, de estilo renacentista, el cual preside la plaza principal junto con la [CarinenaFuenteMora_], de finales del siglo XIX, y bien conocida por la Fiesta de la Vendimia.
Situada entre viñedos, se encuentra la Ermita de la Virgen de Lagunas, de estilo barroco con elementos mudéjares. La primitiva ermita dataría del siglo XV.
Su rico patrimonio bodeguero relacionado con la tradición vitivinícola de la ciudad, junto con el Museo del Vino, actual dependencia del Consejo Regulador, han sido los que han dado nombre, de vino, a una ciudad que vive en gran medida de su elaboración y venta. La ciudad da nombre a la Denominación de Origen de Cariñena, la más antigua de Aragón, y en sus inmediadiones se concentran las numerosas bodegas que darán lugar a los excelentes caldos que dan nombre a esta tierra.
La ciudad de Cariñena aparece limitada por los siguientes municipios que la rodean: con Alfamén, limita al Norte; con Longares, al Noreste; con Tosos, al sureste; con Paniza, al Sur; con Encinacorba, al Suroeste y con Aguarón y Cosuenda, al Noroeste.
Cariñena se encuentra ubicada en la N-330, carretera Zaragoza a Valencia y próximamente transformada en la autovía mudéjar, a tan sólo 47 Km. de Zaragoza. Se puede llegar a la localidad en tren y en autobús.
También se puede llegar por la carretera A-220, Cariñena-Borja-Epila, enlazando con la autovía A-2 de Madrid en La Almunia.
En autobús, líneas regulares de
Agreda Automovil y
Autobuses Jimenez.
En Tren,
Renfe.
La etimología de Cariñena tiene su origen en la época romana. Carae se llamó a este poblado romano y el sufijo Iniana, de la forma Cariniana, es el sufijo característico de muchas fincas rústicas romanas.
La villa Cariniana significa la alquería, mansión situada en la antigua Carae y hace referencia a su propietario Carinius. Con la aparición de los grandes latifundios en el siglo II, los propietarios dieron nombre a algunos lugares. En la Edad Media, el topónimo sufrirá una evolución hasta convertirse en el actual Cariñena.
La historia de Cariñena ha estado estrechamente vinculada al mundo del vino, su principal estandarte. Torres, iglesias y palacios son el resumen de un rico pasado que hunde sus raíces en la prehistoria, cuando estas tierras ya eran el principal camino que unía el Ebro con el interior peninsular.
Cariñena estuvo bajo el dominio de los musulmanes desde el 714 hasta 1119, que es conquistada por Alfonso I el Batallador.
Estas tierras son de frontera y de mestizaje. Por estos motivos, había que repoblar estos lugares después de la conquista, el rey Alfonso I el Batallador concede una carta-puebla a un supuesto noble, Pedro Ramón, para ejercer esta potestad en Cariñena en 1124. Más tarde, continuará esta labor Ramón Berenguer IV, gobernador de Aragón y conde de Barcelona, que concede el Fuero de Daroca en 1142, y que pudo afectar también para el reparto de tierras en Cariñena.
En este territorio convivieron cristianos, judíos y musulmanes. El plano de Cariñena, pone de manifiesto esta estancia. En Cariñena, la morería se situaba en la calle del Olivo, pero también en la calle de la Mata, Ginesta, Granero, Marín y en los callejones de Chamorro y San Bernardo. Los judíos dejaron recuerdo de su paso por Cariñena, en el siglo XIII construyen una sinagoga para la colonia judía que vivía en Cariñena, la calle donde se ubica se llamaba la Sinagoga, hoy calle Ribo Izquierdo. En el siglo XIV, los judíos se trasladaron a Aguarón, en virtud de una ley que les prohibía vivir en plazas fuertes, allí fundaron una nueva sinagoga en la calle que todavía mantiene su nombre. A pesar de la conquista, esta convivencia con los judíos perduró hasta 1492, cuando se produce la expulsión de éstos por los Reyes Católicos.
Después de la reconquista, Cariñena pasa a pertenecer a la Comunidad de Daroca, que pertenecía directamente al rey, régimen administrativo que perdurará hasta la muerte de Fernando VII, en 1833. Cariñena perteneció a la sesma de Langa en el siglo XV, una de las seis sesmas de la Comunidad.
La Comunidad de Daroca vivió la guerra del rey Pedro IV contra la Unión, por el nombramiento de su hija como sucesora. Los pueblos de la comunidad no juraron la Unión. Cariñena se convirtió en un lugar de negociaciones durante esta guerra, entre el rey y el Justicia de Aragón.
Durante la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón, 1356-1375, también llamada Guerra de los Pedros, Cariñena fue tomada por el Rey de Castilla por la fuerza de las armas el 16 de abril de 1363, siendo especialmente cruel, matando a unos y mutilnado a otros. Por la heroica resistencia y la lealtad de los cariñenenses a la persona del rey, este le concede el uso de un blasón, que después será el escudo de Cariñena, que recordase para siempre el sangriento suceso.
Los reyes austriacos tuvieron gran relación con Cariñena, posiblemente inducida por la relación con un cariñenense, Juan Bernal, que fue el confesor de Felipe II y Felipe III. La visita de Felipe II a Cariñena en 1585, se enlaza con la tradición del llenado de la Fuente de la Mora en la Fiesta de la Vendimia, porque agasajaron al rey con dos fuentes de vino, rica de pan, abundante de fruta y olivares. Felipe III, también visita Cariñena en 1599, dándole prerrogativas judiciales al margen de Daroca, pero la decisión de este rey que más repercusión económica tuvo, fue la expulsión de los moriscos en 1610, que provocó una pérdida enorme de población en Cariñena. El campo se quedó desprovisto de mano de obra que tardaría muchos años en sustituirse.
En 1701, dentro de la Guerra de Sucesión, Cariñena fue partidaria del archiduque Carlos de Austria. Felipe V fue proclamado rey y juró los Fueros en la Seo de Zaragoza, realizando ese mismo año una parada en Cariñena, cuando se dirigía a Zaragoza.
La dinastía borbónica siguió con la costumbre de visitar Cariñena, seguramente porque era un cruce de caminos entre Madrid, Barcelona y Valencia, y así lo hicieron Carlos III, en 1759, Carlos IV, en 1802, y Fernando VII, cuando volvía de Bayona, finalizada la Guerra de la Independencia, en 1814.
El siglo XIX será un siglo importante para estas tierras por varias razones: las guerras que azotan este espacio, la implantación del liberalismo político en España y el desarrollo definitivo del cultivo del viñedo y de la producción del vino.
Durante la Guerra de la Independencia se formaron, de acuerdo con Palafox, la compañía de escopeteros, en 1808, y en 1809 el Batallón de Cazadores del Campo de Cariñena, a las órdenes del teniente coronel de infantería Ramón Gayán, natural de Paniza.
En el año 1909, Alfonso XIII nombra a Cariñena ciudad, por su importancia histórica y adhesión a las instituciones.
La existencia del cultivo de la vid en esta zona se remonta a época romana, pero es en siglo XVIII, cuando se roturan nuevas tierras debido al crecimiento de la población. A finales del siglo XIX, el sector del vino se articula con fuerza por la crisis de la filoxera francesa, y más tarde se afianzó con el impulso cooperativo de los años cuarenta. A todo esto ayudó enormemente la inauguración del ferrocarril de vía estrecha Cariñena a Zaragoza en 1887, hecho que revolucionó el comercio del vino.
El escudo es cortado. Primero, de plata, una cabeza de hombre blanco joven, con cabellos cortos o largos, que suele representarse sin nariz ni orejas, si bien en modelo antiguo aparece como se representa en ilustración, sirviendo como tipo parlante. Segundo, de oro, cuatro palos de gules, más conocido por barras de Aragón. La antigüedad de realengo permite el empleo de la corona real de Aragón.